Las revueltas tunecina y egipcia: ¿qué está sucediendo?

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Siguiendo la revuelta tunecina de enero de 2011 y la caída del régimen de Zine el Abedine Ben Ali –que se mantuvo en el poder 23 años–, una serie de protestas y revueltas populares están recorriendo el mundo árabe; hasta ahora, en Argelia, Yemen, Libia, Bahrein, Jordania, Marruecos y Egipto, cuyo régimen –presidido por Hosni Mubarak, que duró 30 años en el poder– se terminó al verse presionado por el ejército a dejar el gobierno.

¿Qué está sucediendo en los países árabes? ¿Cuáles son las razones detrás de estos levantamientos populares? ¿Por qué ahora?

La “Revolución del Jazmín”

Esta serie de protestas y levantamientos populares en los países árabes parecen haber sido detonadas por la revuelta tunecina, denominada la “Revolución del Jazmín”, y ésta a su vez fue influenciada por protestas callejeras en Argelia. Naturalmente, las razones de fondo son numerosas y complejas, y la Revolución del Jazmín ha servido como la chispa que prendió el fuego de estos movimientos, que exigen la democratización de sus países.

Todo parece haber empezado en Argelia, a finales de 2010, cuando se detonaron unas revueltas callejeras de jóvenes desempleados que protestaban por el aumento en los precios de los productos básicos –sobre todo del azúcar– y la falta de oportunidades de empleo. Hasta ahora, estas protestas no han pasado a más, en parte porque el presidente declaró que subsidiaría los precios de algunos básicos. Pero estas protestas sirvieron como ejemplo para los jóvenes de Túnez, que, al igual que en el conjunto de los países árabes, sufren de muy altos índices de desempleo. En Túnez, quizás la gota que derramó el vaso fue la muerte de un joven que se inmoló con fuego después de que se le prohibió vender frutas en un puesto informal en la calle. Para sorpresa de todos, las protestas llevaron rápidamente a la abdicación de Ben Ali, quien huyó a Francia (señaladamente con varios millones de dólares en oro).

En caso tras caso, las protestas en los países árabes han tenido varias características comunes. En primer lugar, las manifestaciones son iniciadas en gran medida por jóvenes desempleados, muchas veces con educación universitaria, que están en una situación desesperada al no poder encontrar trabajo formal y estable. Estos jóvenes han tenido una gran capacidad de organización gracias al uso de Internet. Segundo, se trata en la mayoría de los casos de países con regímenes represivos, que no han conocido una democracia verdadera –por lo menos no durante la vida de esos jóvenes. Tercero, el encarecimiento de los precios de los alimentos a nivel internacional, conjugado con los altos niveles de pobreza y desempleo en estos países, parece ser una razón importante detrás de las protestas.

¿Hacia una Revolución Egipcia?

Después de más de una semana de protestas, el primero de febrero se realizó la “marcha del millón” en las principales ciudades de Egipto, reuniendo por lo menos medio millón de personas en el Cairo que pedían la renuncia del presidente Mubarak. Al igual que sucedió en Túnez, el presidente egipcio prometió que ya no se postularía a la próxima elección (en septiembre). Sin embargo, siguiendo el ejemplo de Túnez, era improbable que los protestantes egipcios se conformaran con algo menos que la salida inmediata de Mubarak, y el regreso de la democracia al país.

Sin embargo, parecía que la tarea de hacer caer al régimen les resultaría mucho más difícil a los egipcios que a sus hermanos tunecinos, y esto debido a que Egipto representa un país estratégico para las potencias occidentales, al controlar el Canal de Suez que es esencial para el aprovisionamiento petrolero y al ser moderador entre Israel y los palestinos. Es de notar que a pesar de la retórica democrática de las potencias occidentales ante el caso egipcio, no se han pronunciado abiertamente sobre la salida de Mubarak.

No obstante, y a pesar del asesinato de cientos de manifestantes por las fuerzas represivas del gobierno en las últimas semanas, los opositores ocuparon una de las grandes plazas del Cairo para exigir la renuncia del presidente. Además, a los jóvenes se les unieron muchos otros grupos que exigen una democratización, incluyendo profesionistas, sindicalistas, estudiantes y familias enteras. La fuerza política islamista “Hermandad musulmana” también se unió, aunque tímidamente, a las protestas.

El ejército se mamtuvo al margen de las protestas y se ocupaba de mantener una relativa calma en Egipto, remplazando a la policía que es famosa por sus métodos represivos. Esta medida fue tomada por el presidente para evitar más confrontaciones entre manifestantes y policías, aunque estas confrontaciones siguieron con policías vestidos de civil cercanos al régimen.

Al final, el ejército se involucró y presionó al presidente egipcio a abandonar  el poder al mismo tiempo que mantuvo su promesa de no reprimir a los manifestantes. Los manifestantes continuaron en las calles y plazas de las grandes ciudades de Egipto  durante varios días, lo cual atrajo la atención de los medios internacionales.

A su vez, los movimientos populares en los otros países árabes parecían depender de lo que sucediera en Egipto. Si los manifestantes egipcios lograban la salida inmediata de Mubarak podrían estimular una primavera democratizadora en otros países árabes. La caída del régimen egipcio alimentó las protestas en Bahrein, Yemen, Libia y Argelia que pueden hacer de la primavera de este año una muy democrática.

FOTOS Nebe Daay

Matthew Lorenzen

Doctorante en sociología por la Sorbona (pero Puma de corazón), adicto al seguimiento de noticias y medios informativos críticos, apasionado por temas de ecología, agricultura y ruralidad.

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