La COP16 y el Protocolo de Kioto

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(Parte 1 de 2) El Protocolo de Kioto es considerado por muchos un Frankenstein que ahora se encuentra al borde de la muerte. A principios de diciembre de 2010 se celebró en Cancún (México) la 16ª Conferencia de las Partes del Protocolo de Kioto de la cual nadie esperaba nada.

¿Qué pasó en Cancún? ¡Qué no pasó! El posible remplazo del protocolo de Kioto por un acuerdo débil, el poco entendimiento por parte de actores nuevos dentro del proceso del UNFCCC, una sociedad civil mexicana dividida y primitiva, un debilitamiento de los movimientos sociales internacionales que plantean la justicia climática, organizaciones ambientalistas y de desarrollo “tradicionales” poco criticas y, como si fuera una burla, hasta el gobierno mexicano colocó un molino de viento justo antes de que comenzara la cumbre.

Poco puedo imaginar como positivo o posiblemente lo bueno haya sido que las máscaras se han removido y la realidad ha salido a la luz tanto de los intereses del lobby corporativo, las incapacidades de las organizaciones civiles, la clara inutilidad del proceso del UNFCCC y el Protocolo de Kioto.

Kioto en respiración artificial y el Acuerdo de Copenhague como el clon defectuoso

Por un lado, tenemos el Protocolo de Kioto, un Frankenstein de la política climática internacional, llena de parches que representan todas las ideologías, corrientes políticas, intereses corporativos y nacionales. Este ha llegado a su límite de hibridismo dando la impresión de ser una monstruosidad sin forma, siendo injusto para unos, pero al mismo tiempo, representando la única esperanza para otros.

Por otro lado, tenemos los acuerdos de Copenhague y el de Cancún, que para algunos representan los caprichos de Estados Unidos y la  imposición de su política climática en el mundo. Para otros, representan una nueva forma de política climática que podría ser más justa con respecto al principio de responsabilidades conjuntas pero diferenciadas.

Lo que ha pasado estos últimos años dentro de las negociaciones es que los gobiernos del mundo han decidido no ser tan estrictos consigo mismos, alejarse de auto-imponerse límites para contaminar la atmósfera y dejarle esa tarea al mercado. En otras palabras, los gobiernos  le están dejando la responsabilidad de curarnos del cambio climático al dinero, y los operativos, no serán los gobiernos, sino las empresas y los corporativos que manejan los bonos de carbono.

Esto no es nada nuevo, dentro del mismo protocolo de Kioto existen mecanismos que funcionan de manera similar a los mercados financieros desde que Al Gore los propuso durante las negociaciones en los años noventa. En vez de vender acciones de una empresa, funciona como una compra-venta de bonos de carbono, o sea, bonos de aire contaminado. Pera ésta transacción es generalmente hecha por empresas que contaminan poco a empresas que contaminan mucho, teniendo como intermediarios a empresas similares a casas de bolsa pero de carbono, generándose un importante negocio para las empresas  y para los especuladores. Mecanismos concretos como los ETS (European Trading Scheme) funcionan dentro de la Unión Europea y los MDL (Mecanismos de Desarrollo Limpio) en forma de financiamiento de proyectos.

Dentro de las negociaciones tanto en Copenhague como en Cancún, se ha visto amenazada la idea de tener un acuerdo vinculante donde los países más contaminantes se comprometieran legalmente a disminuir sus emisiones a un cierto porcentaje junto con una fecha límite. Lo anterior puede deberse a que dentro de los acuerdos del protocolo de Kioto, se necesitan revalorar las emisiones acordadas previamente y comprometerse legalmente a nuevos porcentajes de disminución de emisiones a partir del 2012. Aún no se ha logrado y parece que no se logrará. Lo que resultó tanto de Copenhague como de Cancún fue el Acuerdo de Copenhague y el de Cancún, donde a los países se les permite hacer disminuciones voluntarias a nivel nacional, dejando al libre mercado la responsabilidad de esta diminución por medio de la competencia y de lo que lleguen a costar los bonos que representan una cierta cantidad de aire contaminado (CO2).

Algunas personas plantean que no es tan malo que desparezca el Protocolo de Kioto, ya que se trata de un acuerdo internacional netamente injusto, donde el concepto de países ricos y pobres (Anexo I y Anexo II) está sobrepasado por las nuevas circunstancias internacionales, ya que no se toman en cuenta las responsabilidades de los países emergentes como China, Brasil, India, Sudáfrica y hasta México. Uno de los argumentos es que China es el emisor de CO2 más importante del mundo en la actualidad, aunque sus emisiones históricas o per cápita no son como las de Estados Unidos o Europa. Por otro lado, otros argumentan que a China no le conviene que el Protocolo de Kioto pase a la historia ya que como se encuentra dentro de la clasificación de país en desarrollo, tiene la posibilidad de no tener que tener responsabilidades concretas sobre sus emisiones.

Desde países con 0% de emisiones como Tuvalu o Burundi, hasta Arabia Saudita con emisiones per cápita hasta del doble por habitante que EUA son parte de los países clasificados como Anexo II. En otras palabras, países como Arabia Saudita, uno de los más contaminantes del mundo, tiene las mismas responsabilidades (o sea ninguna) que los países que no emiten CO2, como Tuvalu. Por lo tanto, muchos consideran que esto es netamente injusto y hasta perverso, principalmente en el calor de las negociaciones cuando Arabia Saudita reclama sus derechos económicos con respecto al cambio climático y Tuvalu pelea por su sobrevivencia debido a la posibilidad de ser inundados por un incremento en el nivel del mar. Al final, los que más ganan son las grandes corporaciones y sus cabilderos que han encontrado un foro internacional donde pueden negociar como estará distribuida la riqueza mundial, trabajando bajo el manto de programas como REDD y el mercado de carbono.

Continúa leyendo segunda parte (parte 2 de 2).

FOTO Javier Ortiz

Carlos García-Robles

Licenciado en Relaciones Internacionales por la UNAM y Maestro en Planeación Ambiental por la Universidad de Roskilde en Dinamarca. Fue coordinador nacional de GYAN México, es actualmente coordinador de diversos proyectos en Amigos de la Tierra Dinamarca e imparte clases sobre energías renovables y sustentabilidad en Dinamarca. Además es guitarrista en varias bandas de heavy metal. Carlos escribe principalmente en la columna Desde el Frente de Reconecta.

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