Exilio autoimpuesto en la búsqueda de la sustentabilidad

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¿Será un sueño o es realista el pensar en traer a México ideales, negocios o modelos sustentables que han sido creados en Europa, Estados Unidos o Canadá? ¿Se deben adecuar dichos modelos a la realidad mexicana o crear los propios? ¿Puede México o América Latina llegar a ser un líder en estos temas?

Al hablar de “modelos de sustentabilidad” me refiero a las teorías y prácticas que se aplican para obtener un balance entre mantener ganancias económicas respetando la naturaleza y a las comunidades sociales que se tocan en el proceso, al mismo tiempo de lograr, en el mejor de los casos, un impacto positivo.

¿Qué tal si al intentar llevar estos modelos te encuentras con un pie dentro de México y con el otro fuera del país? Esa es la situación en la que me encuentro. He vivido fuera de México por cuatro años persiguiendo uno de mis sueños: el aprender cosas nuevas en torno al tema “verde” para llevarlo a México y el resto de América. Mis maletas llevan ya muchos kilómetros y más experiencias; cuatro años no son muchos, pero a veces se han sentido más largos y definitivamente me han cambiado la perspectiva en muchos sentidos. De la Ciudad de México a Portland en Oregon (la “meca” de la sustentabilidad en EAU), pasando por Suecia y Holanda. México siempre será mi casa como para muchos más que hemos salido a descubrir nuevas visiones, pero no es tarea fácil construir puentes profesionales y sociales para regresar a aplicar con éxito lo aprendido aunado a evaluar como vivir lo más sustentable posible.

Aunque una preparación académica te proporciona herramientas muy útiles, la creatividad y un espíritu emprendedor son habilidades indispensables que hay que alimentar y tener siempre a la mano. Las perspectivas han cambiado lo suficiente como para sentirme entre dos mundos: uno en el que actualmente vivo, en el que disfruto de la libertad de expresión como persona pensante y como mujer profesionista, donde puedo transportarme en bicicleta casi a todos lados, con opciones de comida orgánica y producida localmente y actividades al aire libre de fácil acceso. Vivo en una de las partes del mundo en el que los modelos de sustentabilidad creados en el Hemisferio Norte se aplican y funcionan lo suficientemente bien como para incentivar aún más mejoras, concientizar a la población e inspirar participación. También observo que la comunidad tiene que trabajar mucho en la ‘integración’, pues la convivencia y las interacciones sociales aquí funcionan más bajo esquemas o estructuras, aunque no exclusivamente, que de forma espontánea.

El otro mundo es el México de mis raíces, donde se disfruta el sol, la calidez y el afecto; los espacios que hacen del convivir algo tan natural. Un buen día despierto y me encuentro de nuevo con el tráfico, la contaminación, la lucha diaria por ganar un pequeño lugar en la fila y la discriminación de opiniones diferentes. ¿Somos tantos que se nos ha olvidado que formamos una red social tan increíblemente interconectada que nos estamos dando al “cate” a nosotros mismos y generando un ambiente hostil, sucio y ruidoso en donde vivir? ¿Cuánto tiempo más podrá nuestro país subsistir bajo estas condiciones? ¿Qué es lo “sustentablemente” aceptable para la población? En verdad, ¿no hemos notado el gran potencial que tenemos para ser un país a la vanguardia socio-ambiental?

Regreso a Oregon y veo los cielos cubiertos de una espesa capa de nubes grises (aquí llueve 10 meses al año) y volteo a México y pienso lo suertudos que somos por tener el clima que tenemos, nuestros recursos naturales, nuestro ingenio mexicano, nuestro arte y la facilidad que tenemos para reír. Puedo seguir hablando horas y escribiendo páginas sobre las diferencias entre ambos lugares y de cómo he observado que el clima afecta las actitudes y la vida en general. Pero ¿tendré éxito al tratar de transmitir al lector lo increíblemente afortunados que somos en México y lo mucho que estamos echando por la borda nuestros tesoros en estos tiempos críticos de crisis ecológica y financiera? Soy mexicana a mucha honra, siempre lo digo con orgullo aún si eso me ha costado discriminación social o racial en alguna forma. De alguna manera, siempre me he sentido cómoda al tomar decisiones que implican un alto grado de incertidumbre o riesgo; como el renunciar a un trabajo prometedor por perseguir un sueño y mudarme de un continente a otro. Y ahora me pregunto, ¿será México, mí país, el lugar en donde lograremos tener la mayor influencia para lograr un cambio profundo y positivo en el resto de nuestros recursos naturales y en la esfera social nacional y latinoamericana? ¿Está México listo para recibir nuevos modelos de sustentabilidad creados en el hemisferio norte, abrazarlos, adaptarlos a nuestra realidad del país y ser exitosos en el proceso? ¿O estamos listos para abrir camino con nuestro propio modelo Latinoamericano?

Creo que es posible encontrar, si no una, varias alternativas. Creo en mi país y en mi gente… Intentando reconectarme… Mexicana en Oregon llamando… México, ¿estás ahí?, ¿estás escuchando? ¡Tenemos mucho por hacer! ¿Cómo crees que podemos empezar o continuar lo que se está haciendo para hacer un México más sano, próspero, seguro y ser líderes en ello?

Este artículo fue publicado originalmente en Reconecta 03 (verano 09).

AUTOR Itzel Orozco

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