Evitemos que los niños atiendan a espectáculos violentos

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Abril es el mes del niño, se organizan festivales y festejos en su honor y se enarbola la bandera de la infancia para proteger todo lo que es inocente, frágil y puro. Sin embargo, para muchos padres, qué mejor manera de celebrar a sus hijos que llevarlos a una corrida de toros o a un circo con animales. Tal vez a estas personas no les importe que este tipo de eventos tengan efectos negativos en la salud mental de los menores de edad.

Presenciar el maltrato o la muerte violenta de un animal en directo es algo que impresiona a adultos y niños, es algo evidente. El reto es medir el grado del efecto que supone experimentar este tipo de eventos. Con este objetivo, el psicólogo escolar francés Joël Lequesne y su colega Jean Paul Richier, especialista en psiquiatría y médico interino en un hospital, reunieron en un informe los cuatro puntos principales que consideran motivos de sobra para prohibir la presencia de menores en espectáculos taurinos. El documento ha sido traducido al español por la plataforma abolicionista CAS International.

El primer punto del estudio psiquiátrico y psicológico incide en el posible trauma que puede sufrir el niño al presenciar la violencia de un humano sobre un animal. No todos los niños desarrollarán un trauma por este espectáculo, pero los que lo hagan pueden hacerlo de dos maneras: reprimiendo un sentimiento de compasión hacia los animales por fidelidad a los padres o que se distancie del entorno familiar que lo lleva a estos eventos y no expresa sufrimiento.

Por otro lado, el menor ve una contradicción entre la educación dada por los padres, que censuran la violencia y el ejercicio del torero sobre el toro, que es una violencia gratuita pero justificable. La debilitación del sentido de la moral destaca porque el niño cambia el rol de víctima del animal –que está en la plaza en contra de su voluntad– por la de rival, y el niño descubre una zona de “no-ley” en la que se justifican hechos condenables en cualquier otro contexto. Esto puede llevar a no confiar en las enseñanzas de los padres y a no entender el límite de los impulsos o el deseo sobre las reglas de la sociedad.

En lo referente a los animales, Lequesne y Richier califican de “perturbación del sentido de los valores” la contradicción que existe entre el ejercicio de desarrollar la empatía con los demás y el experimentar la muerte del toro sin sentirla. ¿Por qué sentir empatía por los demás seres vivos y no por los toros?

Los investigadores destacan el hecho de que prácticamente todos los ciudadanos están de acuerdo en la hipótesis de que la violencia genera violencia, y más cuando las escenas de violencia son en vivo y en directo. Por eso, el informe incide en que la exposición de los niños y niñas a estos espectáculos representa un riesgo en su formación como ciudadanos. Más aún cuando una de las profesiones que más se eligen los adolescentes es –independientemente del sexo–  la de veterinario, atestiguando así que los menores se ponen “de parte de la víctima y no del verdugo.”

¿Sabrán los padres de Michelito el daño psicológico que causaron a su hijo al fomentarle la profesión de asesino a sueldo?

Este 30 de abril enseñemos a los niños compasión, respeto y empatía evitando llevarlos a espectáculos con animales. Tengamos presente que los niños de hoy son los ciudadanos de mañana y de nosotros depende que ellos hagan de este mundo un lugar más justo para todos.

FOTO Cortesía Anima Naturalis

Leonora Esquivel Frías

Presidente de AnimaNaturalis Internacional, organización hispanoamericana de Derechos para los Animales. Doctora en Ética Ambiental. Vegana: No come nada que haya tenido madre. Ganadora del Premio a la Sustentabilidad 2011 en la categoría Activista. www.AnimaNaturalis.org www.facebook.com/LeonoraEsquivel Twitter @leonoraesquivel

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