Cuando derriban tus ramas

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A los árboles, in memoriam

Camino por las calles bajo tu sombra, me gusta mirar hacia el cielo y ver cómo pasa la luz entre tu follaje. Me sorprendo cuando me cae una hoja o florecilla de tus ramas. Disfruto tocar tu corteza, mirar a las hormigas recorrerte y descubrir nidos en tu copa. Desde mi ventana, sonrío al oir a los pájaros posados en la jacaranda de enfrente, que si bien ya está seca, sostiene a las aves como estructuras vivientes de un móvil.

Cuando barro la calle recuerdo la poesía de Jacques Prévert “Les Feuilles Mortes” y discrepo de la vecina que se queja por tener que recojer “basura de los árboles”, cada mañana.

Me precio de caminar esta ciudad, y me duele ver cómo han mermado sus espacios verdes. No me refiero sólo a parques o bosques -ni qué decir del cerro de Zacatepetl que está invadido por residencias de lujo- sino a cada uno de los individuos que antes sombreaban una banqueta y donde ahora hay un vendedor ambulante en su lugar, una entrada de autos o un poste de luz.

Una vez me preguntaron qué me dolía más, una muerte animal o el derribo de un árbol. Díficil decidir, quizá porque en mi caso no he presenciado demasiados asesinatos en vivo, y sí en cambio, talas urbanas. Pensar que el árbol que has visto durante más de 10 años dejará de existir en cuestión de 15 minutos, es algo que me descompone.

Aún recuerdo haber enfermado el día que tiraron las 3 jacarandas de más de 50 años de la calle de Moras y Parroquia en la colonia Del Valle de la Ciudad de México. No me recuperé sino hasta diez días después y todavía hoy prefiero no caminar por esa acera para no sentir su ausencia.

Ha habido mañanas que despierto con el ruido de la motosierra y asustada corro a la ventana buscando a la nueva víctima. He podido frenar derribos totales, pero no podas que cercenan a los árboles y los dejan perpetuamente mutilados, impidiendo que vuelvan a recuperar su follaje.

He cuestionado a locales y vecinos que prefieren tener árboles en macetas o darles una forma de helado a los ficus, manteniéndolos con un tronco grueso pero un follaje minúsculo. Su respuesta: no quieren barrer diario, temen que les levanten la banqueta, quieren estacionar su coche cómodamente, no quieren que las hojas caigan en sus autos, impiden la visibilidad de sus marquesinas, etc.

Yo tengo otra respuesta: así de limitada es su sensibilidad y necesitan mantenerla de esa forma por comodidad.

Hacía tiempo no recorría el periférico hacia el sur de la ciudad. Sentí que me apretaban el corazón cuando vi los camellones antes verdes sustituidos por enormes columnas de cemento para fomentar el uso del automóvil con un segundo piso de vía rápida. Todos los espacios que desde mi infancia reconocía como verdes, están hoy amenazados o desaparecidos. Incluso en la Ciudad Universitaria cada vez es más frecuente ver edificaciones en la zona de reserva ecológica.

No podemos culpar únicamente a las autoridades de las podas mal hechas, ni de la incapacidad de los biólogos que envían a supervisarlas, tampoco a la compañia de electricidad que hace unos cortes en “Y” para que pasen los cables entre el follaje y así podamos disfrutar de la visión de los transformadores. También nosotros como ciudadanos nos hemos hecho indiferentes a la pérdida de los árboles de nuestro entorno. Un día lo vemos y al día siguiente no, y no altera demasiado nuestro ritmo de vida.

Los árboles son testigo de nuestro pasado, de viejos amores, caminos andados, más que proveedores de oxígeno son dadores de belleza, de serenidad, ejemplo de fortaleza. Criaturas que desafiando la gravedad crecen de abajo hacia arriba simbolizando nuestra unión con la tierra y el cielo. Enraizados en su base y flexibles ante vientos, tormentas y aguaceros.

Cuando caen las ramas de un árbol y queda sólo un tronco mutilado o un tocón, se viene abajo también la posibilidad de convivir con la belleza de lo natural. Muere un trozo de nuestra sensibilidad cada vez más acostumbrada a lo muerto, a lo creado y destruido por nosotros.

Leonora Esquivel Frías

Presidente de AnimaNaturalis Internacional, organización hispanoamericana de Derechos para los Animales. Doctora en Ética Ambiental. Vegana: No come nada que haya tenido madre. Ganadora del Premio a la Sustentabilidad 2011 en la categoría Activista. www.AnimaNaturalis.org www.facebook.com/LeonoraEsquivel Twitter @leonoraesquivel

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