Brian Goodwin, vivir una vida con significado

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Existe Verdad en cada uno de nosotros; para verla necesitamos ser suficientemente humildes y aceptar que es demasiado grande como para verla completa.

A casi tres años de su muerte, Reconecta publica en formato digital el primer artículo de la sección Ecología Sutil, este se publicó en verano de 2009.

Mientras decidía qué escribir, falleció una de las personas que con más claridad me ha mostrado la relación entre la espiritualidad y la naturaleza.

Brian Goodwin (25 Marzo 1931 – 15 Julio 2009), fue durante los últimos doce años de su vida, profesor de Ciencia Holística en el Schumacher College, en Dartington, al sur del Reino Unido. Aquí se dedicó, junto con Stephan Harding y la comunidad del Schumacher, a enseñar una manera de vivir en armonía con el planeta y con los demás seres vivos. Una manera de vivir co-habitando en equilibrio, compartiendo con Gaia. Una manera de vivir en felicidad, celebración, responsabilidad, hermandad y humildad. Pero sobre todo, en amor.

Como todos los grandes maestros, Brian enseñaba con el ejemplo. Su humildad se manifestaba en hablar desde su experiencia personal. Los que tuvimos la fortuna de conocerlo y de sentir su sabiduría sabemos y recordamos que su manera de vivir, de estar, de habitar su aquí y ahora fueron siempre su mejor y más profunda enseñanza.

Como biólogo Brian aprendió a ver como la naturaleza habla a través de sus distintas manifestaciones en el universo. Aprendió que la forma de una neurona, de un rayo, de la raíz de un árbol o del delta del río Amazonas no suceden al azar. Estas “formas” naturales tienen un por qué y no es coincidencia que sean, cada una en su escala, casi idénticas. Para él, los fenómenos fractales son repeticiones de una misma historia contada por distintas “voces”: por el río, el rayo y la neurona. Brian sonreía cuando alguno de sus alumnos podía escuchar estas voces. Se deleitaba (como un niño pequeño al contar un secreto) al poder compartir el gozo que brinda escuchar la voz de Gaia. La belleza y el misterio de la naturaleza son un espectáculo que te deja sin aliento.

Como matemático, aprendió a entender este lenguaje de la “forma” como un mensaje lleno de simplicidad y, sin embargo, con una profundidad inimaginable. Aprendió a darse cuenta que las formas naturales están llenas de “Significado”. Las matemáticas le dieron las herramientas para entender que la naturaleza se perpetua y se re-crea mediante sistemas dinámicos, no-lineales, que siguen comportamientos y parámetros complejos y caóticos. Y así aprendió que el Significado se manifiesta de forma más clara y pura cuando las cosas en la naturaleza crecen, se transforman y se expresan siguiendo patrones sistémicos de soporte a otros sistemas. Aprendió a ver que la naturaleza es compasiva y no competitiva, incluyente, gentil y suave. Poder ver la compasión en el rostro de una leona cuya mandíbula está estrangulando una gacela no es cosa fácil.

Como maestro y guía aprendió que este mensaje que escuchaba con cada fibra de su ser no era otra cosa que un mensaje de amor, cooperación, altruismo, interdependencia, interrelación y unidad. Un día, mientras explicaba a un grupo de alumnos sobre la adaptabilidad del corazón humano como un sistema complejo no-lineal, su corazón decidió dejar de latir. Durante el tiempo que estuvo inconsciente, en cirugía y en recuperación, tuvo lo que posteriormente nos describiría como “un sueño tremendamente vívido, en el cual estaba en las faldas de una montaña y podía manejar a todos los animales y plantas que estaban alrededor de mí como si fueran mi orquesta y yo el conductor. Repentinamente, una voz me dijo: esto está muy bien, pero, ¿puedes llegar a la cima solo con el poder del amor? Yo no sabía que decir. Entonces empezó a llegar toda mi familia, mis amigos, gente de todo el mundo; formaron un círculo alrededor mío ante lo cual yo empecé a flotar, sin hacer nada, a elevarme hasta llegar a la cima de la montaña.”

Finalmente, Brian aprendió que la mejor manera de transmitir este mensaje de amor era con gentileza, suavidad y escuchando en vez de hablar. Aprendió que el misterio no puede ser expresado con palabras y que el caos y el silencio habitan cercanos uno del otro. El día que nos despedimos tras terminar mis estudios nos sentamos mirando por la ventana al gran Castaño que custodia la entrada al colegio. Permanecimos mucho tiempo en silencio, simplemente estando ahí. De un momento a otro, Brian solo sonrió.

Buen viaje Brian… hasta la próxima.

FOTO Cortesía de Schumacher College/Daniel Thistlehwaite

Damián Orvañanos

Psicoterapeuta y Biomimo. Maestro en Ciencia Holística por el Schumacher College, donde se hizo amante de la Verdadera Naturaleza en la forma de un castaño tri-centenario. Actualmente vive en Veracruz, colaborando en la creación de la comunidad eco-espiritual Odiyana.

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