Bon Appétit

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¿Qué tal? Bienvenidos a nuestra fondita familiar. En el menú del día les proponemos tres sabrosos documentales para profundizar en el tema de los alimentos, la comida y el negocio del hambre. Tres películas que desmenuzan la indigesta realidad del agrobusiness, guisada en recetas originales por tres directores de origen y estilo diferentes. De los campos abiertos del midwest estadounidense, hacia los invernaderos del sur de España y hasta las montañas de Oaxaca: Bon appétit.

The Future of Food
-Directora Deborah Koons García
-2004

Como primer tiempo, les recomendamos “The future of food”, El futuro de la comida, de Deborah Koons García. Un caldito de pollo industrial con verduras híbridas que presenta un panorama muy detallado de la situación actual en el campo, revolucionada por la aparición de un nuevo actor: la industria de la biotecnología. Desde la “Revolución Verde” de los 50’s que sistematizó a la agricultura según un modelo industrial, hasta la actual “Revolución de los genes”, la directora nos explica como las compañías químicas que producían los insumos para la agricultura industrial, fertilizantes, herbicidas, etc., empezaron a pensar y diseñar plantas genéticamente modificadas para aprovechar mejor sus productos tóxicos. Estas empresas crearon plantas nuevas que patentaron, hasta hacerse dueños exclusivos de la mayoría de las semillas cultivadas en el mundo.

El Mundo según Monsanto
-Directora Marie Monique Robin
-Marzo 2008

De plato fuerte, una suculenta ratatouille de transgénicos, con el documental francés “Le monde selon Monsanto” (El mundo según Monsanto) de Marie Monique Robin. Cómodamente sentada detrás de su computadora, la directora caza en la Red al gran villano del negocio de los alimentos, la compañía estadounidense Monsanto. Las más de siete millones de entradas que encuentra nos llevan de un lado al otro del planeta, siguiendo el trágico camino de esa empresa. Esta obra documenta la historia de Monsanto cuando en los años treinta fabrica un aceite químico (bifenilos policlorados o PCB) y contamina conscientemente los ríos de Alabama en Estados Unidos; luego produce el famoso “Agente Naranja” que empleó el ejército estadounidense en Vietnam, provocando enfermedades graves y malformaciones genéticas a un gran número de soldados americanos y civiles vietnamitas.
También se documenta que la empresa es dueña del 90% de los transgénicos en el mundo y que ha ejercido su poder de cabildeo con políticos y funcionarios públicos para lograr que la autoridad responsable de la seguridad de los alimentos en EUA aceptara que los transgénicos no presentaban riesgos mayores para la salud de los consumidores o el ambiente y que podían entonces comercializarse sin más precaución ni etiquetado especial. La película narra que a los países que prefirieron prohibir esas plantas para proteger a la biodiversidad, como fue el caso de México, la empresa les aplicó la “contaminación genética”, la polinización natural de plantas criollas por plantas transgénicas como se presume sucedió en las montañas de Oaxaca y Chihuahua.

We feed the World
-Director Erwin Wagenhofer
-Septiembre 2005

Finalmente, de postre, una rebanada de un documental/mil hojas político, económico y poético, “We feed the World” (Alimentamos al mundo) del austriaco Erwin Wagenhofer. A partir de una suculenta entrevista con el buenísimo, cultísimo y divertidísimo comisionado de la ONU para el derecho a la alimentación Jean Ziegler, el documental describe el escandaloso impacto de los subsidios agrícolas que los países desarrollados otorgan a sus agricultores. Para tomar un sólo ejemplo, el pollo senegalés cuesta tres veces más caro en los mercados de Dakar que los pollos industriales y subsidiados europeos, vendidos por debajo de su costo de producción. Esa situación degenera en una realidad trágica, en la cual el hambre de millones de personas ya no es un producto de la falta de alimentos, sino de la desigual repartición del poder a escala mundial. Jean Ziegler arroja las cifras del Reporte Mundial de Alimentos de la FAO (Organización para la Agricultura y la Alimentación) que dicen que cada día cien mil personas mueren de hambre o de sus consecuencias directas; cada cinco segundos un niño de menos de diez años muere de hambre; cada cuatro minutos una persona queda ciega por falta de vitamina A.
La ecuación es cruel: hoy en día más de 850 millones de personas sufren de malnutrición crónica, mientras la agricultura mundial puede sin problema alimentar a doce mil millones de personas, el doble de la población mundial. La conclusión, que seguro recordarán la próxima vez que vayan al súper, es terrible de acuerdo a esas cifras, “cada niño que hoy en día se muere de hambre está, de hecho, asesinado”.

AUTOR Quentin Pinoteau

Este artículo fue publicado originalmente en Reconecta 02 (primavera 09).

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