Biocombustibles, ¿verdaderas soluciones o nuevos problemas?

biodiesel

Agosto 25, 2010. Desde hace algunos años,  varias empresas han estado promoviendo tecnologías que aseguran servirán como puente para salvar al planeta de una catástrofe ambiental. Por otro lado, ambientalistas y activistas sociales afirman que estas tecnologías impulsadas bajo la lógica capitalista son simples trucos por parte de estas empresas que colocan las ganancias por encima de verdaderas soluciones para resolver la crisis ambiental y climática. El debate continúa y continúa, las descalificaciones se encuentran a la orden del día y vemos un resurgimiento de las viejas riñas entre las izquierdas, las derechas y todo lo de en medio.

Hace algunos años, recuerdo pocos ecologistas o ambientalistas que no dieran como ejemplo que el hacer combustible a partir de variadas fuentes vegetales fuera una forma de combatir con la terrible dictadura del petróleo como fuente de todo combustible, y de paso con sus terribles consecuencias, tales como el cambio climático. Pero, cómo han cambiado las cosas. Hoy por hoy tenemos a los grandes empresarios reclamando que los biocombustibles son una de las soluciones al cambio climático. Tanto han invertido en promover los biocombustibles, que hasta la Unión Europea decidió implementarlos en un 10% para todo combustible destinado al transporte para el 2020.

Como muchos recordarán, hace poco tiempo tuvimos una crisis alimentaria, donde el maíz (igual que el arroz y el trigo) fue desplazado debido a que las especulaciones dentro de los mercados financieros colocaron a la soya y a la caña de azúcar bajo mejor precio dado  que estos se encuentran dentro de los recursos “renovables” que son utilizados para producir  biocombustibles (siendo el bio etanol y el biodiesel los más comunes), haciendo a un lado la producción de granos para consumo humano. Aunque a muchos gigantes agrícolas y a ciertos productores de caña esto les ha beneficiado muchísimo, es ahora bien sabido que para producir biocombustibles se emplean grandes cantidades de herbicidas y fertilizantes, aún más que otros tipos de plantaciones. Al mismo tiempo, se utiliza una gran cantidad de combustibles fósiles para producir biocombustibles. Además, los precios de las plantaciones que producen biocombustibles como el etanol están a la alza por lo que miles de productores en todo el mundo están deforestando hectáreas de áreas de conservación, emitiendo todavía más CO2 a la atmósfera.

Por si no fuera poco, la Comisión Europea acaba de presentar el estudio “Cuantificación de los impactos de las medidas y políticas sobre las emisiones de gases de efecto invernadero” en el que se presentan los resultados de un estudio donde se contabilizaron las emisiones indirectas de los biocombustibles.

En este reporte lo que se puede ver en Estados Unidos, y lo explicaré de la manera más sencilla, es que la soya que se utilizaba para alimentar al ganado, ahora es utilizada para elaborar biocombustibles, pero las vacas tienen que seguir comiendo ¿no? Entonces, a menos de que la mitad de la población estadounidense se vuelva vegetariana, la soya tiene que ser importada de otras partes del mundo, y en el caso de EUA, esta soya la importan de Brasil.

Por lo tanto, las emisiones de CO2 generadas en transportar toneladas de soya de Brasil a EUA ha incrementado la huella ecológica del biocombustible (es decir, desde los camiones que transportan todo el material necesario para producirlos, transportar la soya para ser transformada, luego transportar el biocombustible a los puertos, hasta los barcos para mandarlo a EUA). Al mismo tiempo, se tiene que contar el CO2 que proviene del cambio de uso de suelo en Brasil, cuando los productores brasileños talan selvas para poder sembrar y producir la soya (que además es en su mayoría es soya transgénica).

En Europa, el biodiesel producido a partir del aceite de colza y de la remolacha tiene un índice altísimo indirecto de emisiones de CO2. Esto debido a que estas plantaciones han desplazado a la producción de alimentos que ya no son producidos en Europa y tienen que ser importados para poder alimentar a la población europea. Estas emisiones provienen, nuevamente, del transporte internacional de alimentos, sin contar que muchos de estos alimentos provenientes de otros países también tienen índices indirectos de emisiones de CO2.

Por lo tanto tenemos que los biocombustibles provocan escasez de alimentos en países donde la tierra destinada al trigo o al arroz ahora es utilizada para plantaciones de soya o de caña de azúcar para producirlos, pero además, estimulan la destrucción de selvas vírgenes.

Al final, resulta evdiente que el mal que supuestamente se pretende combatir utilizando biocombustibles (las emisiones de CO2) producen más CO2 que si se continuara utilizando el combustible fósil. Por lo tanto, los biocombustibles no son la solución “verde” para combatir al cambio climático. Todo esto, sin contar que el cambio climático está afectando la producción mundial de alimentos y ya desde hace unos años se ha detectado una disminución de producción en varios países. Cabe mencionar que el comercio de biocombustibles no se salva de la corrupción como la evasión de aranceles.

En conclusión, la etiqueta verde en esta tecnología no se ve tan verde y las verdaderas soluciones están en terminar con el exagerado consumo, nuestra pésima forma de generar y consumir energía, dejar de importar alimentos y otros productos que podrían producirse de manera mucho más sustentable y de forma justa y equitativa en nuestros países y simplemente, dejar de jugar el juego de las grandes empresas transnacionales, que al final, nos tienen atrapados en su misión de obtener la mayor ganancia posible a expensas del planeta.

AUTOR Carlos García-Robles

FOTO Pal Csonka

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Carlos García-Robles

Licenciado en Relaciones Internacionales por la UNAM y Maestro en Planeación Ambiental por la Universidad de Roskilde en Dinamarca. Fue coordinador nacional de GYAN México, es actualmente coordinador de diversos proyectos en Amigos de la Tierra Dinamarca e imparte clases sobre energías renovables y sustentabilidad en Dinamarca. Además es guitarrista en varias bandas de heavy metal. Carlos escribe principalmente en la columna Desde el Frente de Reconecta.

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